Durante su participación en el Coloquio Cinvestav, Laurent Loinard explicó la colaboración nacional para obtener la primera imagen obtenida de un agujero negro

Es el resultado astrofísico más mediático del que se tiene memoria. Una observación que duró cuatro noches, realizada desde diferentes puntos del planeta, pero que el análisis de los datos tardó más de dos años en obtener sus primeros resultados. Se trató de la primera imagen de un agujero negro supermasivo.
En este hallazgo, la participación mexicana fue determinante, no solo por la colaboración que significó el Gran Telescopio Milimétrico, sino por los recursos humanos que participaron en la interpretación de la información obtenida, refirió durante el Coloquio Cinvestav, Laurent Loinard, investigador del Centro de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM y coordinador de la colaboración mexicana en el Telescopio de Horizonte de Eventos, el consorcio internacional encargado de este proyecto.
El investigador, nacido en Francia pero con nacionalidad mexicana, explicó que un agujero negro es un objeto masivo del que nada se puede escapar y que existen dos tipos, uno llamado estelares, que surgen al morir una estrella masiva y provocar una supernova, en su centro se forma un agujero negro. En tanto, los agujeros negros supermasivos son aquellos que están en el centro de las galaxias.
De acuerdo con Laurent Loinard la dificultad de observar un agujero negro es que su propia naturaleza hace que los fotones de luz se distorsionen, por lo que era imposible observar su verdadera figura; además al estar a una distancia de años luz de la Tierra, obtener la imagen del agujero negro sería similar a capturar una fotografía de un cabello humano a una distancia de mil kilómetros, es decir que el mayor reto fue obtener un nivel de nitidez extremadamente alto.
Fue gracias a la colaboración de una docena de instituciones educativas y de investigación, así como de ocho observatorios internacionales, que se pudo obtener las primeras imágenes de los agujeros negros. “La imagen que se ve no es un agujero negro mismo, sino su influencia”, señaló el investigador.
Al explicar lo anterior, mencionó que la imagen dada a conocer hacer unas semanas pertenece a un agujero negro con una masa 6 mil 500 millones de veces mayor a la de nuestro sol, capaz de “tragar” los objetos que se le acercan; cuando caen dentro de él se calientan y emiten radiación, que es lo que vemos en la imagen.
Para capturar la imagen del agujero negro se requería un telescopio del tamaño de la Tierra, por lo que la labor del consorcio científico internacional fue obtener la imagen a partir de 8 telescopios distribuidos en diversas partes del mundo (uno de ellos en México), y a través de una técnica llamada interferometría fue posible obtener la señal de un mismo objeto y combinarla a fin de reconstruir una imagen.
“No solo se requirió la infraestructura del conjunto de telescopios, sino procesar los datos para combinar las señales. De hecho, la información generada en cada telescopio se envió a dos centros de procesamiento, uno con sede en el Instituto Max Planck, en Alemania, y otro en el Observatorio Haystack del Instituto Tecnológico de Massachusetts”, señaló el experto en radiointerferometría.
El investigador universitario señaló que la importancia científica de obtener la imagen del agujero negro es tener una prueba de la Teoría General de la Relatividad, que se encarga de describir el universo en su conjunto. Y una de las predicciones de esta Teoría es que, como se comprobó con la imagen difundida, los agujeros negros existen con un radio dentro del cual los objetos son “tragados” y no es posible observar lo que pasa dentro de allí.
Pero no sólo fue la captura de una imagen lo que el consorcio científico internacional obtuvo, este tipo de trabajo también tiene repercusiones tecnológicas, como el hecho de generar mejores técnicas de procesamiento de datos o la optimización del aprovechamiento de sistemas de geolocalización (GPS), ya que comprobamos que el tiempo de los satélites que ofrecen esos servicios transcurren de manera distinta al de la Tierra. “La Teoría General de la Relatividad es en la que se basan los servicios GPS, de modo que este tipo de proyectos comprueba que la ciencia básica tiene impacto con la vida cotidiana”, concluyó Laurent Loinard