Agustín García Celis.-La descomposición del tejido social, nos ha orillado a reflexionar en las injusticias, y a desear el bienestar en todos los aspectos.

Esta situación nos hace pensar, valdrá la pena seguir anunciando el bien, valdrá la pena seguir pidiendo que haya orden entre nosotros, valdrá la pena de seguir luchando contra la corrupción, en fin, valdrá la pena arriesgar la vida a favor del bien.

Con este tema podemos pensar en la serie de mujeres y hombres, que no se cansan de ser portadores de la paz. Muchos de ellos permanecen en el anonimato sin ser reconocidos por la sociedad, puesto que desde el momento que un hogar se sigue dando una verdadera y buena educación de los hijos, los padres de familia se esfuerzan por dar testimonio no sólo en la familia, sino en los lugares donde ellos realizan sus actividades diarias.

Son una serie de problemáticas en las que con urgencia se requiere la participación de los ciudadanos, ya que debemos involucrarnos en lo que concierne nuestro bienestar y el bienestar de los nuestros. Por eso, urge que no seamos de los ciudadanos indiferentes, de los ciudadanos que cuando vemos un conflicto actuamos solo si nos conviene a nosotros, o si somos beneficiados de aquella situación.

Por ejemplo: el tema de la gasolina ha sido y es uno de los aspectos que requiere la participación de todos y a todos los niveles de participación ciudadana, tanto si soy el que vende, el que compra, el que administra o el que verifica que este rubro realice su actividad dentro de la justicia, dentro de la verdad.

Muchos de los ciudadanos nos quejamos de esta situación que en algunos casos cae en el cinismo o en la frustración ciudadana. Porque si voy a comprar y me roban en la venta del combustible, tendría que poner una queja, con el vendedor y si es posible con la instancia de quejas ciudadana. Pero nos encontramos que el vendedor no se hace responsable y si vas con una autoridad para presentar tu inconformidad, es una queja sin respuesta y te queda solo de aquella situación una frustración personal, hay una situación de violencia personal contra el vendedor y finalmente, todo esto te lleva a tener que callarte y tragarte tu coraje.

Así es en muchas situaciones, lo que nos ha llevado a una sociedad vengativa, frustrada, corrupta y violenta.

La pregunta sigue en el aire ¿Vale la pena, seguir arriesgando todo por defender el bien en la sociedad?. Nos hemos dado cuenta de la gran cantidad de voces que han sido callados violentamente, la gran cantidad de voces que dejaron de expresarse porque no encontraron respuesta, y muchas otras personas que han optado por la justicia por su propia mano y los otros que prefirieron callarse aun en la inconformidad, pero otros porque ya se acostumbraron a esta manera de vivir.

Aun a pesar de todo esto, ¿vale la pena seguir luchando en la defensa de los valores en la sociedad?, ¿vale la pena seguir soñando en una sociedad más justa?, ¿vale la pena seguir siendo honesto?. Por tanto podemos justificar que arriesgar la vida en favor del bien para la sociedad es un acto de justicia ciudadana y es un acto de madurez moral y humana.