TAYDE GONZÁLEZ ARIAS. ARENA SUELTA: AHORA LOS FAMOSOS SON POLÍTICOS

La incapacidad de los partidos políticos en México, por formar nuevos integrantes de sus institutos, que representen sus ideologías o por lo menos sus intereses en una regiduría, una alcaldía, diputaciones senado algún ejecutivo estatal o federal, queda al descubierto cada elección cuando los que se presentan a las contiendas con los mismos, o peor aún, cuando acuden a artistas, luchadores, cantantes, y demás figuras públicas con tal de asegurar sus registros u obtener el triunfo.

Las mañas de los partidos, no han dejado de sorprendernos, así el surgimiento de nuevos liderazgos, se vuelve un despropósito o una labor imposible, una vez que las cúpulas han comprendido del todo que deben seguir pegados a la ubre que les da poder y les permite llevar una vida de lujos y privilegios.

Que tan cegados estaremos los ciudadanos, en especial los votantes, que desde hace años seguimos permitiendo que nos compren con una despensa cuyo contenido de la más baja o si acaso de mediana calidad, ayudándonos por un corto tiempo, mientras permitimos meses y años de robos, saqueos y corrupción.

Tal parece que mantener pobre a la gente es también garantía de mantenerla ciega, tuerta y con la alta posibilidad de ser comprada. Valdría la pena considerar que la pobreza económica no cierre la mente y el pensamiento y se reciban las supuestas ayudas a todos los políticos, pero a la hora de elegir se castigue a los que ya tuvieron un cargo público y no hicieron nada y desde la población se cobijen causas justas, y personas honestas que saquen a los vividores de los partidos y la política, permitiendo así el cambio generacional y de conciencia en la política nacional.

Lo grave de poner candidatos que no saben de la administración pública y de que sólo se cuelguen de la fama de la gente para sostener su registro u obtener el poder, es que, si de por sí, en el tiempo de los gobierno municipales por ejemplo, se tardan un año aprendiendo, otro año medio trabajando y al otro ya se tienen que ir y cierran sus arcas públicas, siendo políticos de cepa, imaginemos los gobiernos de quienes no tienen idea del delicado quehacer de la administración de los recursos públicos en general.

Ciertamente, hay casos excepcionales en los que los postulados provenientes del espectáculo dan resultados favorables, pero si buscamos en los anales de la política, son más los casos que permiten ver lo profesionales que son en el fútbol, la actuación o la lucha libre, pero no así para mantener el orden en los estados que llegan a gobernar, o la creación de alguna ley, si es que lo que les tocó fue legislar.

No hay partido que se salve, o que no haya colocado a algún famoso entre sus filas, y no es malo que suceda, pues todas y todos ellos cuentan con sus derechos políticos plenos, que les permite votar y ser votados, pero como ya he dicho, lo que deja un lecho de mal olor, es el origen de usarlos para ganar por sobre los demás, sin plan o conocimiento de las necesidades de la población que representaran o por generar afecto y admiración de los que dirigen los partidos políticos.

La legalidad en la elección de los candidatos de los partidos debe ir más allá de cumplir con estatutos, debería considerarse la labor social de los que actúan en la política, para que sea gente proba, con conocimiento de las causas sociales, con arraigo en las comunidades y pueblos, con la experiencia y/o el conocimiento que les haga capaz de resolver las más apremiantes penurias en las que viven los pueblos de México. No se debe permitir que se impongan pseudo líderes, ni que se reelijan vividores, antes se deben pasar por un tamiz a los corruptos, no sólo para separarlos de sus cargos, sino para evitar que vuelvan a participar de la vida pública de la nación.

No es posible que sigamos teniendo una democracia mediocre en la que elijamos a los menos peores o que votemos por el malo conocido, antes que, por un bueno por conocer, o dejándonos guiar por esas personas que no son políticas y que viniendo de otro sector social pudieran hacer bien las cosas, dejando en las manos de sabrá Dios quién, los recursos del pueblo y dejando el timón del barco, a que tiene como fin más seguro, el atolladero

Vale la pena también mencionar a esas y esos que montados en la fama que les ha dado la radio o la televisión, prestan sus nombres, a cambio de una cuantiosa cantidad de dinero con tal de mantener a flote a algún partido políticos que sólo con esta práctica deja ver sus verdaderos intereses que están más de acuerdo con vivir del pueblo que servir a los ciudadanos.

Es posiblemente ahora, cuando más se exige que las autoridades hagan cumplir cada ley, cada norma, cada reglamento que permita que transitemos a una democracia digna de los mexicanos, que inhiba la compra de conciencias y las postulaciones sin credenciales ni un trabajo que les preceda en el ámbito social, de lo contrario, seguiremos pagando elecciones caras para tener mandatarios baratos.