Para calcular las posibilidades de acierto de un tiro libre se deben tener en cuenta datos como la distancia y la posición del jugador desde el área respecto a la portería; la pierna de tiro, el peso y el diámetro de la pelota, entre otras variables que, aunque también medibles, son mucho más difíciles de controlar, como el efecto Magnus.

Más de 10 millones de portugueses se encontraban inquietos al ver que el sueño mundialista empezaba con el pie izquierdo: faltaban solo tres minutos para el final del primer partido de su selección y sentían que se escapaban los tres puntos que al comenzar el encuentro contra los españoles parecían seguros.

En tanto, los fanáticos de La Furia Roja que se habían dado cita en el imponente estadio Fisht de Sochi no cabían de la emoción al haber presenciado cómo su representante nacional había remontado en dos ocasiones para después tomar ventaja en el partido por 3 a 2, sin embargo, las justas deportivas no se acaban hasta que se acaban y un equipo nunca debe cantar victoria antes de tiempo.

Corría el minuto 87 del encuentro entre Portugal contra España, cuando se decretó una falta al borde del área grande de la portería hispana, y sería Cristiano Ronaldo el encargado de cobrarla.

La parábola que dibujó el balón al salir proyectado desde los botines de Ronaldo fue matemática, precisa; se convirtió en otra parábola, la de la retórica futbolística para dejar boquiabierta a la fanaticada del futbol mundial: superó el salto de la barrera en la que se encontraban las torres de Sergio Ramos, Gerard Piqué y Sergio Busquets, para después incrustarse de forma violenta en el arco y concretar el empate de 3-3 en el hasta ahora el mejor partido de Rusia 2018.

Cristiano Ronaldo, bien se podría considerar como uno de los mejores matemáticos del futbol mundial, no solo por el último gol anotado, sino por lo muchos momentos de soberbia precisión en los que ha metido goles que son apreciados como “ejecuciones de otro planeta”.

Para calcular las posibilidades de acierto de un tiro libre se debe tener en cuenta datos como: la distancia y la posición del jugador desde el área respecto a la portería; la pierna de tiro; el peso y el diámetro de la pelota, entre otras variables que, aunque también medibles, son mucho más difíciles de controlar, como el efecto Magnus (en honor del físico alemán H.G. Magnus).

Este fenómeno de la física se refiere a la fuerza directamente responsable por la curva que el balón realiza en su trayectoria. A menos que el esférico sea impactado en su centro geométrico, siempre girará ligeramente mientras se mueve en el aire, variando su velocidad relativa y haciendo que la bola se mueva en una curva en lugar de en una línea recta, explicó José Antonio de la Peña, quien impartió la conferencia Matemáticas y fútbol en El Colegio Nacional.

Es decir, cuando un futbolista golpea el balón en cualquier parte que no sea su centro geométrico, hará que la presión en el fluido de la parte superior (donde la velocidad es mayor) disminuya una cantidad proporcional al cuadrado de la velocidad.

De esta forma, diferencias de presiones llevan a que aparezcan fuerzas, en este caso una fuerza perpendicular a la corriente de fluido que desplazará el objeto hacia el punto de menor presión, expuso De la Peña, quien también fue coordinador general del Foro Consultivo Científico y Tecnológico.

El efecto Magnus, más allá del futbol también puede ser recreado por cualquiera de nosotros desde la casa, solo se tiene que construir un cilindro de papel y ponerle en las dos bases algo con lo que se pueda hacer girar con facilidad.

Para observarlo con detenimiento, primero hay que dejar caer el cilindro únicamente afectado por la gravedad, lo cual hará que tenga una trayectoria específica. A continuación el mismo cilindro lo dejaremos caer pero haciéndolo girar con las bases que le pusimos, no importa el lado al que deseemos hacerlo girar, hará una trayectoria distinta.