POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS. ARENA SUELTA: EL LUGAR NO TE HACE A TÍ, TÚ HACES AL LUGAR.


Hoy más que nunca, nos hemos dado cuenta que nosotros no somos un edificio, y que nuestro valor como persona recae precisamente en que nosotros somos nuestra propia institución, la personal la que representamos en un nombre o nombres y apellidos y que a donde quiera que vamos, no paremos o estemos, somos ese cúmulo de experiencia, de defectos y de virtudes.

Cuando nos vamos del trabajo en el que estuvimos o de la casa en la que vivimos y que abandonamos o cambiamos por alguna razón, dejamos parte de nuestra historia, no sólo por el tiempo en el que estuvimos ahí, sino porque seguramente colocamos nuestro sello en su arreglo y operación, sin embargo, muchas otras paredes nos esperan para colocar nuestros cuadros u obras, y en otros espacios también hemos de ambientar de tal manera que volvamos a imponer nuestro estilo.

En un mundo cambiante, en el que si no nos movemos nos aplastan, o nos arrastran, debemos aprender que quien no camina, se mueve o cambia está destinado a fracasar. La vida es de los que se adaptan pues si no hacemos los cambios nosotros de manera natural la sociedad, y la tierra se van modificando.

Si las condiciones sociales cambian, nosotros también debemos cambiar y ese cambio debe llevarnos a la madurez, en la que prevalezca en todo su esplendor el sentido humano, en donde lo que brille no sea lo que en afuera llevamos puesto, sino lo que somos en el interior, porque lo que somos en el exterior es costrita delgada que se desprende solita, que no aguanta ni una lavada de agua dulce o salada, mientras que lo que llevamos en el interior, que y vive, por siempre.

Una vez que nos toca vivir experiencias que jamás imaginamos, la forma en la que hemos de afrontar estas cosas de la vida es con la mayor de la madurez, es con la seriedad que se requiere sin perder el buen ánimo, con toda la responsabilidad sin dejar de ser felices y con la idea de que lo que hagamos o dejemos de hacer hoy, tendremos repercusión el día de mañana.

Hay cosas que no hemos podido controlar, y la evolución en este momento está en marcha, justo estamos aquí en otro lugar ya se está fabricando un teléfono nuevo, un arma más eficaz o un medicamento para compartir la enfermedad, por eso debes preguntarte si ¿estas preparado para lo que vendrá?, pues de no ser así entonces debes comenzar a prepararte, sin preocuparte de más pero sí con la idea de que si no te eres parte del dinamismo del mundo, estas en discordancia con lo que te rodea.

Ayer todavía era absolutamente valioso tener escuelas con domos enormes y salones espacioso con pantallas, proyectores o planteles con buena infraestructura y tecnología de punta, y sin embargo hoy debemos estar en casa y lo que más nos ayuda es un buen servicio de conectividad a internet, muchos no estábamos preparados en el uso de plataformas digitales, por lo que se trata de un tema nuevo al que muchos aún les está costando adaptarse. Si no hubieran instruido desde pequeños en el uso de las tecnologías de la información hacer uso correcto y eficiente no nos mantendría estresados como lo estamos.

Los que vivimos en esta parte del mundo, en el que las condiciones de pobreza prevalecen en números alarmantes, los que para comer diario deber salir diariamente a ganarnos el pan, debemos saber que, debido a esta precariedad, tenemos que esforzarnos el doble que los que con dinero pueden comprar casi cualquier cosa, pues mientras a ellos el dinero les ayuda a muchos el dinero nos detiene. Sin embargo, en un tiempo en el que debes seguir o morir joven y lentamente, se requiere de agallas, de valor y coraje para que nuestro nombre y apellido sean sinónimos de adaptación y triunfo.

Considerar rendirse por no estar a la altura de miras de las exigencias del mundo actual, es igual que creer que ya nos tocó ser pobres y no tener porque se nos ha negado de manera directa la felicidad, porque ya estábamos destinados a la miseria y la pobreza será nuestra eterna acompañante, sin embargo, si leemos la historia de la humanidad , y nos damos cuenta de la cantidad de historias de éxito de los hombres y mujeres que no se quisieron ir, ni se quieren ir de ésta vida sin hacer algo bueno por los demás, nos encontraremos muchas razones para creer en nuestra capacidad en nuestro valor y en la enorme potencialidad que podemos tener, hasta lograr los sueños más grandes y los profundos anhelos.

Nadie está destinado a la derrota ni a la mala vida, sólo somos presas de una lenta o rápida autodestrucción al dejar de creer en nosotros y en que de manera personal podemos crear nuestra personalísima historia de éxito.