FRANCISCO RODRÍGUEZ. ÍNDICE POLÍTICO: El autosabotaje de la 4T

 El documento que creó al Bloque Opositor Amplio, redactado por plumas menores del gobiernito, ya forma parte irrisoria del anaquel de las guerritas de papel que sólo demuestra el nivel de miedo e impericia del sistemita en las manos de incapaces, pero lo que es más grave: el galardón de autosabotaje, obtenido a riñón.

Al final no pudieron ocultar ni encubrir ni el nombre del autor. Es una ofensa a la inteligencia de los ciudadanos aludidos en la conjura de cartón, pero es una burla mayor e involuntaria para los estrategas de la defensa del régimen, en cuyas filas militan o cobran los compadres, los agitadores de bolsillo, los anarquistas contratados e inventados para el vandalismo infame.

‎Es el carnaval de los despropósitos. ‎El monumento a la inexperiencia, el último grito de una moda infame que intenta presidir la ideología destructiva de la campaña política ridícula para permanecer en el poder prestado. La claudicación ante lo evidente. La punta de la embestida que viene contra la necesidad del cambio.

 Incompetencia para conducir al país

 Es además la prueba palpable de la falta de respuestas. La que se construyó a partir de las abjuraciones que el Caudillo inició cuando comenzó a demostrar la incompetencia para conducir un país desgarrado por la crisis provocada por la soberbia y el desdén hacia los serios.

Es el reconocimiento supino del país. Ese que no han entendido que lucha por sobrevivir en el tsunami de la miseria incentivada por las decisiones ridículas de querer abarcarlo todo, cuando no se tiene ni una peregrina idea de nada. Es la suma cero de la inoperancia y del camino elegido para prevalecer sin resolver.

Es la estulticia que corona los pronunciamientos de la incapacidad. La que justifica las declaraciones y acciones de no ir contra los grandes delincuentes porque sería generar desestabilización e ingobernabilidad. La claudicación ante los capos del narcotráfico por el miedo a causar la sarracina.

 Los hechos traicionan a sus palabras

 La declaración de no luchar contra el virus maligno, porque eso se iba a resolver con estampitas e invocaciones religiosas, la solución es no robar, no mentir, no traicionar, dijo el Caudillo. El hecho es que el virus se cebó contra los íconos de la Cuarta Decepción, y demostró que así no se puede, cuando los hechos traicionan a las palabras.

Contra ellos, no. Van con todo contra los indefensos, contra los débiles. A los conservadores más poderosos les dan más concesiones, obras y absoluciones, respeto, reconocimiento y más dinero. Lo que es fustigamiento en público, en las residencias privadas se convierte en elogio y admiración exacerbada.

Recortan al 75% del gasto para enseñarles a los de abajo cómo se gobierna, el puño del Estado. Impuestos sólo para los cautivos y algunas factorías del extranjero que no gozan de protección en sus matrices. Con que regresen unos cuantos bilimbiques está bien. La justicia sólo es sobre las costillas de los más pobres.

 Sevicia contra ciudadanos y negocios pacíficos

 Sevicia, maltrato, crueldad psicológica para hacer sufrir, sólo contra gobernadores sumisos, contra medios apapachados, contra expresidentes orgánicos como Fox y Calderón, nunca contra Salinas, Zedillo o Peña Nieto, con ellos hay pacto de complicidad y de no agresión.

Sevicia contra los negocios de los pacíficos, pues ¿quién les manda vivir en las colonias aledañas al Paseo de la Reforma o en Polanco, cerca de la representación del gobierno de Jalisco? Sevicia contra sus domicilios, pues son los culpables de la crisis y del hambre que se extiende como marabunta sobre la población.

Sevicia contra los que se atreven a pensar y a descubrir que el emperador anda desnudo. Sabotaje contra mí mismo, porque el Estado y el bienestar soy yo, y después de mí el diluvio. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Encarno todas las virtudes, y soy sólo un hombrecillo sin atributos. Pero así me tienen que querer y respetar.

 A todo hay que ponerle el apellido “bienestar”

 Miedo para enjuiciar a Romero Deschamps, a Lozoya, a Ancira. La fuerza del poder se doblega por instrucciones del miedo cerval, el instinto superior de conservación de los cobardes. El miedo nace de la imposibilidad de hacer efectivos los acuerditos de la Nahle sobre las energías renovables. El mido se refleja en las tarifas enormes impuestas a los empresarios que generen o utilicen las energías limpias, el rostro del futuro.

Nada contra el quebrado Pemex, la ridícula CFE, el combustóleo y el carbón contaminantes: eso es defender la independencia y la soberanía. Hasta la embestida contra las Afores, para agandallarse los recursos ahorrados por los trabajadores y emprender la batalla por la reelección del Caudillo.

El miedo es cómplice de la incompetencia para el caso mexicano. El miedo revela lo que por meses se ocultó, debajo del ropaje de liberal. La destrucción de universidades, centros de investigación, institutos autónomos, fideicomisos culturales y ahorros obreros debe acelerarse, todo porque no entienden que a sus changarros hay que ponerles el apellido de «bienestar», para que se salven.

 No se puede levantar a capricho el semáforo rojo

 Aunque desde Hacienda lo alerten que por las malas decisiones del pasado reciente –que arrastramos desde el año pasado– al país le van a bajar la calificación de la deuda soberana, al ritmo que aumenta el monto de esta, aunque se diga públicamente lo contrario. Lo que dice la boca lo desmiente la cola.

Contra el miedo no hay retrovirales. Contra la miseria y el autosabotaje tampoco. No se puede levantar a capricho el semáforo rojo de la sevicia, como se hace con el de la pandemia. Así como Superman no puede con la kriptonytaBatman no la hace frente al Guasón ni frente al PingüinoLa Pantera Rosa se rinde ante el Narizotas.

 Mientras tanto, el sufrimiento es para los más pobres

 Los síntomas más conocidos del autosabotaje incluyen miedo, inseguridad, falta de control, recelo de uno mismo y las creencias fundadas en que no se va a conseguir nada de lo que se pretende. Acudir al mecanismo de defensa inconsciente a través del cual se intenta evitar posibles sufrimientos futuros.

Mientras tanto, el sufrimiento es para los más pobres. Para eso se hicieron. Quien les manda a no haber resuelto sus problemas antes de que llegara la crisis del siglo: la provocada por la Cuarta Decepción y su Caudillo. Ya no sirven ni para los spots de la propaganda del tabasqueñismo ordinario.

 En la lucha por reelegirse. En las afrentas contra la oposición organizada, este Coyote del desierto está condenado, igual que en las caricaturas de Chuck Jones, a no atrapar jamás al astuto Correcaminos. Viene una explosión marca ACME. Y él nació para perder, aunque se proponga lo contrario.

Está tan indefenso como cuando al morir se descubrió la verdadera esencia del valentón Darth Vader. Debajo de los ropajes apantallantes sólo había un hombrecillo desastrado, un rostro insignificante, y un foquito que le proporcionaba la energía. Todo era mentira.

‎El autosabotaje forma parte de una cadena de incapacidades, asentada sobre el odio, la soberbia y el engaño. Lo demás, es lo de menos.

¿No cree usted?

 Índice Flamígero: Una de las características insignia del autosabotaje es la excusa o la explicación a algo que te pasa, que no es controlable por el sujeto y que lee impide o retrasa la consecución de su objetivo. Una excusa puede usarse de manera puntual, pero cuando se convierte en rutina, lo que suele ocurrir es que se está eludiendo una responsabilidad, una obligación. Al fin y al cabo la palabra excusa viene de la palabra latina absconsus, que significa ‘escondido’. Y en el caso tratado, la excusa reiterada se manifiesta en sus adversarios… los fifís… los expresidentes… la prensa vendida y/o conservadora… la BOA… you name them… o, en español, usted nómbrelos.

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