“Tenemos a Alguien que nos entiende porque compartió nuestro barro” (Prado Flores)
P. Ángel Espino García
1.- Había una vez un puesto de mascotas donde se leía: se venden cachorros. Un niño llamado Joel preguntó cuál era el precio. El dueño dijo: 500 pesos. Joel dijo: me gustaría verlos pero solo tengo cien pesos que me regaló mi padre. Eran cinco perritos que caminaron en desfile, pero el último cojeaba. Joel preguntó qué le pasaba al último. El dueño contestó: desde que nació, tiene la cadera defectuosa y dice el veterinario que así será toda su vida. Con ternura dijo el niño: ese es el perrito que yo quiero, pero no completo el precio. El dueño emocionado replicó: si te gusta, te lo regalo. Contestó Joel: yo no quiero que me lo regale, pues ese perrito vale igual que los demás. Si me permite, le dejaré lo que traigo y cada semana le traeré lo que mis padres me den de domingo. Está bien, dijo el dueño, pero te advierto que el perrito nunca podrá saltar, correr ni jugar. ¿Por qué mejor no compras uno que esté sano y pueda correr? El niño se levantó el pantalón para mostrar su pierna derecha retorcida y soportada con un aparato de metal. Dijo al señor: yo tampoco puedo correr y el perrito necesita a alguien que lo entienda. El dueño se inclinó con respeto, sus ojos se llenaron de lágrimas y entregó al niño el perrito enfermo. Al despedirse el niño, le dijo el señor: Dios te bendiga y ojalá que los demás perritos encuentren un dueño como tú.
2.- ASÍ EN LA VIDA.- El Hijo de Dios se hizo semejante a nosotros en todo para entendernos. Su cuerpo físico sufría y se cansaba, reía y lloraba. Nuestro Sumo y eterno Sacerdote experimentó en carne propia el barro del cual fuimos hechos. Él es nuestro abogado que toma en sus manos nuestro caso, porque él fue capaz de cargar sobre sí nuestros anhelos y necesidades. Ya no hay necesidad de pedirle nada, sino agradecerle el amor que nos tiene. Nuestro Padre Dios nos regaló a Cristo su Hijo y una hermosa casa para vivir: el planeta Tierra. Hay que pedirle perdón por el descuido que hemos tenido con la naturaleza, destrozando ecosistemas y contaminando agua, aire y suelo. Hemos llegado a una encrucijada en la vida: o cuidamos la naturaleza o nos lleva el calentamiento global.
3.- LA VOZ DE LA IGLESIA.- Dice el Papa Francisco en la encíclica Alabado seas: “La deuda externa de los países pobres se ha convertido en un instrumento de control, pero no ocurre lo mismo con la deuda ecológica. De diversas maneras, los pueblos en vías de desarrollo, donde se encuentran las más importantes reservas de la biósfera, siguen alimentando el desarrollo de los países más ricos a costa de su presente y de su futuro. La tierra de los pobres del Sur es rica y poco contaminada, pero el acceso a la propiedad de los bienes y recursos para satisfacer sus necesidades vitales les está vedado por un sistema de relaciones comerciales y de propiedad estructuralmente perverso. Es necesario que los países desarrollados contribuyan a resolver esta deuda limitando de manera importante el consumo de energía no renovable y aportando recursos a los países más necesitados para apoyar políticas y programas de desarrollo sostenible. Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana (# 52)
4.- NINGUNA POBLACIÓN PUEDE CRECER INDEFINIDAMENTE.- Las poblaciones de especies con individuos grandes, como los elefantes y las ballenas azules, tienen menos potencial biótico que las de individuos pequeños, como las bacterias y los insectos. Por “tasa intrínseca de incremento”, se entiende el ritmo al cual crecería la población de una especie si contara con recursos sin límite. Las investigaciones demuestran que ninguna población puede crecer de manera indefinida porque los recursos son limitados y por la competencia que deben enfrentar con las poblaciones de otras especies para obtener luz, agua, espacio y nutrientes. “En la naturaleza, el crecimiento de las poblaciones siempre tiene un límite”. Bien dijo el Kempis: “Después de leer y aprender muchas cosas, es fuerza volver al único principio que es: DIOS”. ¡Salvemos lo verde!