Por: Tayde González Arias. Seguramente en algún momento de la vida le ha sucedido que debido a un suceso que le toco enfrentar ahora vive con característica que antes no tenía; lo que puede ir desde una situación física hasta una alteración en su carácter o forma de ser, debió ocurrir algo tan inesperado que como muchas ocasiones en la vida le toman de sorpresa y no sabemos cómo enfrentarlo o de qué manera sortearlo.

Las circunstancias en las que vivimos cambian tanto, que muchas veces no sabemos cómo actuar frente a esfuerzos físicos o mentales, a incidentes y prácticas sociales que alteran el bienestar. La escuela falla en este aspecto porque no nos enseñaron del todo a superar la adversidad, lo dinámico del mundo y la movilidad social y aunque la experiencia nos permita tomar más fácilmente decisiones hay cosas que nos llegan a rebasar.

Es propio del ser humano, sentir y doblegarse como lo llegan a hacer otros seres vivos, para también lo es superarse, levantarse y seguir. Justamente en referencia a las adversidades en las que pareciera no encontrar la salida al dolor o a la perdida, es en donde la fortaleza de espíritu debe hacerse presente para con coraje enfrentar cualquier realidad por dolorosa que sea. En palabras siempre puede ser más sencillo desde luego, pero procurar fortalecer la mente como un músculo más, con lectura, con criterio y análisis facilitara sin duda las cosas a la hora de requerirlo.

Las secuelas de un mal actuar pueden ser palpables, pero sobre ellas hay que seguir viviendo, con ellas hay que manejar la vida y por ellas debemos ser más cautelosos.

Tras alguna enfermedad que no esperábamos, las alteraciones físicas son visibles en nuestros cuerpos y frente a ellas debemos portarlas como un reflejo del carácter con el que las enfrentamos, no como un costal de huesos si no como un ser poseedor de vienes incalculables de valor, de orgullo y soberbia salud, como la máquina perfecta que camina con agua y vive con alimento y algunas veces solo con oxígeno.

Debemos superar cualquier tema por difícil que parezca, más que por los demás por nosotros mismos, por el hecho de vivir y de estar ocupando un sitio en el planeta y saber que si nos inyectamos dosis de afecto podremos además de superarnos a nosotros mismos, ayudar a la superación de los demás.

Que no exista enfermedad que acabe con el suministro de amor, que no venga un mal que plague de inconciencias nuestro vivir, sino por el contrario, que vengan las pruebas que deban llegar y que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, acompañadas de las más grandes virtudes que como raza humana se nos han dotado. Vamos a creer en grande y en lo positivo y dejar claro que del tamaño que sean los problemas, nosotros lo seremos más, por la sola situación en la que nos tocara enfrentarlos.

Que una extremidad o un órgano atrofiado por consecuencia de otro mal no te impida seguir tu camino, que los señalamientos o evidencia de los demás sean motivo de coraje para recordarte que mientras tengamos un corazón que pueda bombear y un cerebro que piense, los diluvios podrán llegar y podrás correr al arca o bien elaborar una pequeña barca y siempre salir a flote.