Arena suelta, Por Tayde González Arias: TEMPORADA DE INCENDIOS

Estiaje, se le denomina a una temporada o periodo común donde la disponibilidad de agua (cuerpos de agua) y lluvia, está por debajo del promedio anual esperado en una región o cuenca hidrológica, lo que repercute en el desabasto del suministro de agua para consumo, ésta temporada abarca los meses de febrero a mayo en el caso de México, y es también en éste tiempo cuando mayor número de incendios forestales existen.

Debido a la baja precipitación pluvial (lluvias), y a las altas temperaturas entre otros factores, se reduce el suministro de agua potable por un tiempo prolongado en algunas zonas o regiones, por lo que, las recomendaciones y medidas de prevención para prevenir o minimizar los efectos que ésta temporada tiene, deberían ser ampliamente conocidas y bajo las mismas, tener mucho cuidado cuando se visita algún cerro o montaña ya sea por una ocasión o para acampar, pues estas actividades es sabido, que elevan la posibilidad de que ocurran los incendios forestales; por el descuido, y por lo inexperto que se llega a ser en el manejo del fuego, que termina saliéndose de control y devastando la biodiversidad.

La temporada de incendios, ha terminado con miles de hectáreas, y desafortunadamente la falta de pericia del hombre es la mayor responsable, a más, de los intereses económicos que muchos tienen, y que se ven motivados a cambiar el uso del suelo sobre todo para que donde fue bosque o había pinos y oyameles, entre otras muchas especies, se plante aguacate u otros cultivos que son de beneficio personal, dejando a un lado el interés social, y bien superior de la comunidad, para buscar el beneficio de uno o pocos.

Es preocupante la inconciencia de la gente sin escrúpulos que es capaz de encender un cerillo en los pastizales, u hojarasca seca, al olvidar que los billetes no se comen, y el agua de los ríos y manantiales sí se bebe, y que al acabar con los árboles también acabamos con nuestra vida, pues arrancamos la posibilidad de seguir respirando aire puro y natural que es esencial para nuestra existencia.

El año 2019, es quizá el que más recordemos por la cantidad de selva que se fulminó entre las llamas en la Amazonia, además de otros países afectados como Australia, Siberia e Indonesia, pero también México, estuvo cubierto por éstas afectaciones. En lo que refiere a nuestro país, es posiblemente ahora, y no más adelante cuando se debe comenzar a tomar acciones más enérgicas contra los responsables de causar algún incendio forestal, elevando a carácter constitucional las penas que deberían incluir prisión y pago de cuotas altas, pues sólo así estaríamos garantizando la existencia de nuestros bosques y selvas, y con ello la preservación de las especies vivas, incluyendo al mismo hombre.

No hay estado de la República Mexicana, que se salve de incendios, aunque algunos son muy severos, y otros menores, no hay incendio pequeño que no duela, por acabar con la vida de una especie viva.

A la fecha de ésta entrega, por ejemplo, el estado de Michoacán de Ocampo, se encuentra librando batallas para sofocar incendios en El Cerro del Cacique en Zitácuaro, El Pico de Tancítaro, y el Cerro de La Cruz en Uruapan, entre otros, siendo el primero, uno de los que más tiempo ha perdurado y debido a que es de difícil acceso, pone en riesgo a plantas y animales, pero también los manantiales de los que hacen uso, los habitantes de ésta demarcación.

De momento, la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), los brigadistas y voluntarios, se llevan las palmas una vez que además del esfuerzo entregan su vida para evitar que el incendio avance, por lo que, lo menos que merecen es tener el equipo necesario y la voluntad general, para tener que comer y beber mientras hacen el trabajo que muchos no hacemos, por no saber, por no poder o por no querer.

A propósito de lo que está pasando en el Cacique, me permito compartir el siguiente poema, esperando sea de su agrado.

 

Quemando Poesía

 

Esperando encontrar poesía,

Pensé, en la sombra que tomé

Cuando cansado y sediento topé

Con la sombra del encino, aquél día

Aquella vez caminé todo lo que podía,

Y al terminarme el agua que llevaba, por la sed

Deseaba poder recostarme, en un fresco césped,

pero el encino me dio, el descanso que quería.

 

Buscando encontrar poesía

vine al encuentro de aquel frondoso árbol ,

Lo único que encontré inclemente, fue al sol,

el encino fue quemado, mi inspiración fue tardía

La inconsciencia se llevó, mi descanso que tenia

la ceniza de mis suelas, algo tendrá del encino

que voy a recordar por siempre en el olor a resina

y tendré que quemar también, la poesía que yo quería.

 

Tayde González Arias

 

Con motivo del incendio en el cerro cacique de Zitácuaro

20 de mayo del 2020