Por: Tayde González Arias. El vestido perfecto es uno de los más ansiados deseos materiales de un número considerable de mujeres, se trata más que de una prenda, representa el deseo de belleza y estética en la que se desea lucir en tal o cual ocasión, de ahí que tengan la posibilidad de escoger según el evento y la hora, dependiendo de la temporada como lo dicta la moda o las tendencias sociales del mercadeo el color, la tela y el diseño.

Los vestidos que cada vez son menos usados y han sido cambiados desde algunas décadas por la comodidad dejándose ver más pantalones o jeans y blusas que han de permitir mayor libertad en los movimientos de las mujeres, recalcan hasta cierto grado la feminidad, con respecto a la silueta, la elegancia del traje sastre a la medida apegada a la formalidad, y la frescura del lino con unas sandalias para el clima tropical. Esto y mucho más puede representar el vestido en las mujeres.

En el caso de los hombres su vestimenta se asemeja en lo casual al de las mujeres en el entalle, incluso ahora los conceptos anglos de fit, tailored fit, custom fit, slim fit…, son una condición de compra sin que ello demerite la elegancia del traje del smoking, la fina corbata y los accesorios que aún se usan o aquellos que dejaron de colocarse como las mancuernillas o el yugo. Cualquiera que sea al caso, todo lo anterior es lo que por fuera se ve y se nota como costoso, bonito, para el día, la noche, el coctel, la plaza o las más grandes y sencillas celebraciones, vamos, lo que se quita y se pone para no andar en traje de Adán y Eva. Sin embargo, lo que nos viste frente a los demás es en mucho, más que todo eso, es en sí aquello de lo que somos portadores por herencia, por vida y a lo que llamamos virtudes.

Hemos de vestirnos cada día con un saludo cordial, con una sonrisa honesta y con las palabras propias que hagan que además de hacernos entender podamos confortar a los demás, para ello debemos también abrirnos a esa gran posibilidad del querer saber, aprender y recibir los mensajes que los otros quieran transmitirnos, porque los buenos trapos igual se desgastan, las buenas prendas igual se percuden y no sucede ello con lo bien nacido con lo aprendido de buenas formas y maneras.

Que nos vista cada día la humildad frente a todo cuanto se nos acerque, el temple que facilite no caer ante la adversidad, el valor para enfrentar los tiempos difíciles, y nos arrope el calor de la familia que nos mantenga inseparables, que ya sea casual o formal portemos la porción de razón que nos recuerde, que lo mismo hoy estamos en el lado de la víctima, mañana podríamos ser sin querer el verdugo y bien medida la calma y la emoción, procurar lo justo.

Nadie está a salvo de nada, y los caminos de la vida son inciertos por lo que alojarnos en la verdad y la esperanza después de haber hecho todo lo necesario para que sucedan las cosas es lo mejor que todos podríamos procurar. No hay mejor vestimenta para nadie que la del amor de uno mismo y los demás reflejados en el respeto, la atención y la desinteresada solidaridad. Hagamos lo posible cada instante por dar como un accesorio para que lo use quien mejor quiera un por favor y gracias, un Dios contigo y los buenos días, tardes, noches y entonces el traje que vista este país será el más asediado y nunca antes vestido por ninguna otra nación de la tierra. Otros detalles también visten y lucen muy bien, es el caso la lectura, de pasar tiempo con la familia, en el bosque, la buena música, las artes en general y la meditación, así como aquellas prácticas que llevan al equilibrio emocional o las que preparan para la vida como la escuela y la educación que siempre garantiza ir de gala a cualquier sitio siempre que sea bien recibida y practicada, atendamos la buena vida y de ese modo nos será regresada.