Por: Tayde González Arias. Los días lunes en las escuelas de México se acostumbra realizar un acto cívico en el que la escolta, elemento esencial porta la Bandera Nacional, este acto que se llega a volver mecánico, requiere mucho más que sólo la marcha o interpretación del Himno Nacional Mexicano, otro de los más grandes símbolos patrios cuya representatividad a la nación le es inherente, pues es imperante su reconocimiento como producto de una lucha libertaria que recoge mitos y leyendas como la rima, la prosa, además de la estética para lograr poder ver un águila devorando una serpiente sobre un nopal, y los laureles de la victoria, sólo por mencionar algunos de sus elementos.

El mes de septiembre, corresponde a la celebración de la independencia de España de la patria mexicana y en cada hogar (o en su mayoría) se coloca una bandera que ondeara desde el primer día hasta el último, sin embargo el descuido aparece y se llega a ver por todo el año y por doquier enseñas tricolores descoloridas, rotas, agujeradas, maltratadas de muchas formas, lo que nos deja mal parados frente a otras naciones en las que si bien es permitido el uso de su mayor símbolo, lo mismo en playeras que en bóxer, cuidan de su insignia y les dan el trato especial que merece.

No es que busquemos el ejemplo en otro lado, en materia de respeto a los símbolos patrios, antes al contrario, que los demás puedan vernos ejemplares, sin embargo la invitación seria, que por donde quiera que nos encontremos y veamos una bandera en mal estado busquemos el reemplazo o el retiro, seamos consientes de lo que el elemento encierra en la historia y el significado de sus elementos que permitan generar conciencia personal y social sobre el respeto que se le debe a la bandera nacional no figurado sólo en un acto cívico o un izamiento en fechas especiales sino todo el año y cada día reconociéndonos como el estandarte de un pueblo que lucho y se aferro a la libertad.

Cada nación tiene un estandarte que les representa, una bandera que les describe y a la que en su momento defendieron con la vida misma, y si bien hoy han cambiado las cosas lo cierto es que el respeto no puede cambiar, ni el protocoló de solemnidad con el que debemos de referirnos ya sea durante la marcha, como público o ejecutantes, al portar o cantar pues lo estamos haciendo a México y no únicamente para nosotros. No esperemos a estar en otro país para hacer notorio el alto afecto por México, ni a cada lunes para saludarle con respeto, sino siempre que sea posible y necesario mostremos alto respeto a elementos que no hablan pero hacen sentir identidad, que no cantan pero sus letras encierran el carácter de un país.

Niños, jóvenes y adultos de México; habitantes todos de la patria mexicana, no tenemos otros himnos, ni otra bandera que nos identifique como mexicanos, por eso solamente debemos respetarles y desde luego porque detrás de estos insignes elementos se encuentra el talento de hombres y mujeres que escribieron, que compitieron para dar música y letra así como la evolución histórica según las etapas de la nación en sus barras, y la postura de los elementos en el escudo nacional. Respetar no es una opción que debe fundarse en la ley de los símbolos patrios, si no en la conciencia personal de los hombres y mujeres que tuvimos la fortuna de nacer bajo el manto de una increíble nación como la nuestra.