Si Chivas fuera una persona física y pudiera escribir una carta a varios de sus jugadores, quizá esto les pondría:
¿Qué nos pasó?, ¿en qué momento perdimos esa conexión? Dímelo, porque francamente yo no lo recuerdo. Si éramos el uno para el otro, corríamos juntos y felices por toda la cancha. ¿En que momento cambió todo?, ¿por qué dejaste ir el romanticismo?, ¿en qué te fallé? Si toda mi Historia y Grandeza, fueron un reto muy grande de alcanzar para ti.

¿En que momento dejaste de sentirte digno de portar y defender esta playera, que por su Historia habla de Grandeza?, ¿dónde quedan esas horas de entrenamiento?, ¿en qué nivel de categorías te obligan a no sentir los colores y dejar de festejar cada jugada?, ¿por qué los que vienen de otros Clubes se enamoran más de estos colores?, ¿por qué tienes miedo a que te critiquen por festejar cualquier jugada como Briseño? Esos que se burlan es porque no entienden este pasión y porque no viven enamorados de estos colores.
¿Crees que no me duele ver como has permitido que tus rivales tengan más posesión del balón que tú? Si bien sabes que siempre buscan hacerme daño, viéndote caer en el marcador. Recuerda que ganarme a mí, por mi Grandeza, es el mayor logro de todos los equipos.
Si yo, cada vez que jugamos juntos, lo único que deseo es recibir alegrías con muchos goles, pero te
has olvidado de dármelos, de luchar, de correr, de entregarte. Mi Grandeza es eterna, pero no dependas solo de ella, no claudiques. No dejes que las críticas te aplasten. Demuéstrales a todos que están equivocados. A veces con tu falta de entrega, terminas por darles herramientas a todos tus detractores que solo buscan un motivo para decir que ya no somos el mejor de México. Afortunadamente eso jamás será cierto, porque nadie tendrá una Historia como la nuestra, ni siquiera el valor de conquistarla solo con nacionales. Y perdona que sea insistente en esto pero, no te escudes en este eterna y eficaz argumento.
Yo quiero que ese grito de gol lleno de júbilo que sale del corazón de la afición, sea para ti, y no para el rival que nos quiere ver sucumbir. ¡Despierta ya de este letargo en que te encuentras dormido! Despierta y recuerda que aún y siempre serás el Gigante. No olvides que cuando jugamos en Equipo, alegría y satisfacción debemos dar a la mejor afición de este país.
No quiero olvidar la emoción que se vive al jugar contigo, al correr a tu lado, al meter goles y al ganar los partidos, quiero seguir callando esas bocas que siempre dudan y comen de ti, porque no quieren aceptar que como el Rebaño Sagrado, nunca habrá otro igual…
Comprende esta Grandeza y no dejes de gritar nunca:
«¡Arriba las Chivas!»