Arena suelta. Por Tayde González Arias: México llegando tarde.

 

La puntualidad es una de las cualidades del ser humano con mayor valía cuando de disciplinarse se trata, llegar a tiempo mas que un buen modal hace ver a los hombres y mujeres del mundo como formales y serios y aunque estos dos conceptos (formalidad y seriedad) parecen ser pasados de moda, son resistibles respecto a la seguridad que otorga su cumplimiento en tiempo de cualquier acuerdo, compromiso o cosa, siendo irrenunciable y ampliamente agradecida su práctica.

Pasado el tiempo nos alcanzó la tecnología y también los malos modos y formas, pues al dejar de valorar atraves del reconocimiento o agradecimiento verbal o escrito que un evento de inicio a la hora acordada u omitir el llegar a una cita y ya estar en espera nuestra la contra parte, no son actos de descortesía sino que hablan de poco valor que le llegamos a dar al tiempo gastado de los demás, sin que seamos dueños de su vida y sus minutos, por lo que estipular un margen para estar en la hora acordada, y felicitar a quienes muestran puntualidad en su vida, así como el por favor y el gracias deben ser incorporados a las palabras que se aprecie de usar una o un buen ciudadano.

Lo único que nos agrade o no, para aguantar que siempre lleguen tarde a nuestros países son las actualizaciones, por su puesto algo que nos ha llevado toda una vida pues hace algún tiempo se llegaron a anunciar las nuevas noticias o “frescas de Paris” las cuales,en el otro hemisferio ya se habían convertido en añeja, y de entonces a la fecha, tratándose por ejemplo de innovaciones tecnológicas hemos de esperar semanas o meses para poder conocer lo que en otras latitudes ya han sido objeto de estudio, critica y algunas veces hasta obsoletas. Si la teoría de que tiene que haber pobres para que existan ricos busca comprobación, encontramos respuesta en el tiempo que hace que se fabriquen nuevos aparatos, se esperen con ansias comprarlos aun sin tener el dinero en efectivo y se tenga que endeudar para adquirir, o mas claro aún en materia de recursos humanos, cosechamos en bruto vendiendo barato, mandamos a que lo transformen y con un mejor empaque o con funcionalidad, esperamos a que los mercados internacionales nos diga en sus términos el valor del producto que tenemos que comprar, hasta cuando podemos tenerlo e incluso condicionar su uso, marcando una brecha clara entre los que viven en el primer mundo y los que seguimos envueltos en el retraso, que hace a los primeros poderosos y a los segundos débiles.

México ha sido un país que llega tarde casi a todo, cuando hemos sido los que llegamos pronto a la innovación no fuimos capaces de pulir mejor el talento, y vendimos o regalamos ideas que pudieron hacer riqueza en nuestro suelo, aunque también mucho se le debe a las grotescas políticas de apoyo a los productos extranjeros antes que la protección al mercado interno, y mientras otras naciones protegen su producción evitando el ingreso de materiales o insumos de fuera, la cultura de consumo en nuestro país desde hace tiempo a sido en viceversa, creyendo que lo nuestro no tiene el nivel de calidad que lo que viene de América del norte o Europa ( y algunas veces aunque sabemos que es de mala calidad hasta de Asia) nos seguimos conformando con ser productores campesinos y no industriales agrícolas.

Las empresas que pertenecían al Estado, y que se han privatizado en el sentido de competencia con otros iguales solo tienen la esperanza de estar en paridad de competir, y solo se compite si se está al día, si no hay deudas, si hay tecnología, si hay limpieza pues y pulcritud en los mecanismos de función que no atrofien la oferta y se responda a la demanda. Nuestro país llegará a tiempo con el mundo una vez que su régimen de gobierno asemeje en transparencia a otras naciones con buenos niveles de desarrollo y calidad de vida, esos procesos son largos y conllevan generaciones enteras de vida de trabajo para estar en esta situación privilegiada, pero como todo gran proyecto, debió ser producto de una gran idea y escrupulosa ejecución. Muchos somos los que queremos estar puntuales a la hora del reparto del beneficio, pero debimos haberlo estado también cuando se trató del compromiso o el trabajo para obtener tal.

No podemos seguir llegando tarde ni al trabajo, ni con la pareja, ni frente a la competencia mundial, si se sigue creyendo que por ser mexicanos se nos debe perdonar la tardanza o lo mal hecho, ofendemos a un gran numero de personas que han sostenido nuestra nación con su compromiso de hacerlo bien en forma y en tiempo en muchas áreas del cotidiano, traducir la actividad común y sencilla que bien ejecutada y replicada en todas las esferas y sectores sociales, podrían hacernos estar siendo puntuales en la llegada pareja al gran concierto del desarrollo de las naciones, de lo contrario, hemos de seguir mirando como los demás pasan y no solo se nos queden mirando, si no que sus miradas de arriba abajo nos merezcan hacer sentir molestos por nuestra propia indisciplina.